METFORMINA Y RIESGO DE DMLE

La metformina es uno de los fármacos más prescritos en todo el mundo para el tratamiento de la diabetes mellitus de tipo 2. Se trata de un hipoglucemiante de administración oral perteneciente a la clase de las biguanidas. Se trata de un hipoglucemiante administrado por vía oral, perteneciente a la clase de las biguanidas, para el que se han formulado hipótesis en el ámbito oftálmico sobre posibles efectos protectores contra enfermedades que afectan a la retina y al segmento posterior del ojo, en particular para contrarrestar la aparición y progresión de la DMAE.

Metformina y tratamiento hipoglucemiante

El principal mecanismo de acción de la metformina consiste en reducir la producción hepática de glucosa, mejorar la sensibilidad a la insulina y facilitar la captación de glucosa por las células musculares. A diferencia de otros antidiabéticos, la metformina no provoca aumento de peso, lo que la convierte en una opción terapéutica especialmente ventajosa para los pacientes obesos o con sobrepeso.

El tratamiento crónico con metformina puede producir efectos secundarios gastrointestinales como náuseas, vómitos, diarrea, pérdida de apetito y, en casos raros, acidosis láctica.

Metformina y maculopatía asociada a la edad

A nivel retiniano, la metformina parece tener actividad antiinflamatoria, antiangiogénica, antifibrótica y antioxidante, con efectos protectores frente a numerosas enfermedades oculares, como la retinopatía diabética, las retinopatías hereditarias como la retinosis pigmentaria, el glaucoma primario de ángulo abierto, las oclusiones venosas retinianas y la uveítis.

Los beneficios potenciales de la metformina con respecto a la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), que es la causa más frecuente de ceguera legal en los países de renta alta, con una prevalencia que crece exponencialmente con la edad, merecen un debate específico. A nivel mundial, la DMAE se encuentra entre las cinco primeras causas de pérdida de visión, y en las próximas décadas, a medida que aumente la edad media de la población, se espera que el número de personas diagnosticadas de DMAE aumente en más de 50%, pudiendo alcanzar los 288 millones en 2040.

La DMAE es una enfermedad crónica progresiva, de carácter degenerativo, con tendencia a la bilateralidad. Afecta a la mácula, la región central de la retina responsable de la visión nítida de los detalles de la imagen, y existen dos formas:

la DMAE "seca" o atróficacaracterizada por la acumulación bajo la mácula de depósitos de material amarillento, la drusasque alteran progresivamente la funcionalidad de los fotorreceptores, las células responsables de la percepción de los estímulos luminosos;

DMAE "húmeda" o "neovascular", afortunadamente menos frecuente que la seca, pero con un resultado más discapacitante, caracterizada por la formación de pequeños vasos sanguíneos anormales bajo la mácula. Estos vasos, de paredes muy frágiles, pueden rezumar líquido con facilidad, o romperse, provocando hemorragias en la retina.

Terapia de la DMAE

Hasta la fecha, la DMAE constituye una "necesidad médica no cubierta", ya que no existe ningún tratamiento aprobado universalmente capaz de frenar su aparición o detener la progresión de los cambios degenerativos de la retina. Los tratamientos que han supuesto una auténtica revolución en los últimos años, al ser capaces de contrarrestar la progresión de la maculopatía hacia la ceguera, son las terapias intravítreas anti-VEGF que se utilizan para la DMAE neovascular. Sin embargo, no se trata de curas definitivas, sino de terapias que producen beneficios durante un tiempo limitado y que luego hay que repetir. Además, las terapias intravítreas anti-VEGF no son eficaces en los casos de atrofia geográfica y no están indicadas para prevenir la forma seca, para la que se recomienda una terapia médica con suplementos dietéticos, basada en los estudios AREDS 1 y 2, con una eficacia limitada.

Por lo tanto, proponer fármacos que ya se utilizan para otros objetivos terapéuticos puede allanar el camino para la introducción de terapias que son altamente seguras y eficaces y que pueden estar disponibles de forma rápida y económica.

Es el caso de la metformina, cuyo potencial en el tratamiento de la DMAE se ha tenido en cuenta en varios estudios clínicos retrospectivos, cuyos resultados, sin embargo, no son inequívocos.

Estudios clínicos

Un amplio estudio 2021 de casos y controles de 312.404 pacientes con DMAE recién diagnosticada comparados con 313.376 controles informó de que el uso de metformina se asociaba a una reducción de las probabilidades de desarrollar degeneración macular asociada a la edad de forma dependiente de la dosis, siendo las dosis bajas a moderadas las que mostraban el mayor beneficio potencial.

Del mismo modo, otro estudio de casos y controles, realizado por Brown et al. (2019) utilizando las historias clínicas electrónicas de pacientes de la Universidad de Florida, descubrió que los pacientes a los que se les había diagnosticado diabetes y habían sido tratados con metformina presentaban ventajas en términos de protección frente a la aparición y progresión de la DMAE.

En 2019, Chen et al. realizaron un estudio de cohortes retrospectivo para examinar los posibles beneficios de la metformina en el desarrollo de DMAE en pacientes con un diagnóstico conocido de diabetes mellitus tipo 2, utilizando el NHIRD de Taiwán. Se identificaron 45.524 consumidores de metformina y 22.681 no consumidores entre los pacientes diabéticos. En general, los consumidores de metformina tenían menos riesgo de desarrollar DMAE. Los efectos protectores de la metformina aumentaron con la mayor duración del tratamiento (>4 años), la mayor dosis total (>1400 g) y la mayor dosis diaria (>2,1 g/día).

En sentido contrario se sitúan los resultados de un estudio publicado en 2025 en Jama Ophthalmology por investigadores de la Universidad de Cleveland (Ohio, EE.UU.), que utilizaron la plataforma TriNetX para acceder a los historiales electrónicos desidentificados de más de 130 millones de ciudadanos estadounidenses. Seleccionaron a sujetos de edad avanzada (>65 años) y crearon dos cohortes: la primera cohorte incluía a sujetos sin DMAE a los que se había prescrito (n=297.008) o no (n=1.269.644) metformina; la segunda cohorte incluía a sujetos con DMAE no exudativa inicial o intermedia con (n=12.843) o sin (n=77.279) prescripción de metformina.

Utilizando el método de emparejamiento por puntuación de propensión para comparar individuos con características similares, calcularon el riesgo de aparición (primera cohorte) y progresión (segunda cohorte) de la DMAE.

Los autores del estudio concluyeron que los sujetos expuestos a la metformina tenían el mismo riesgo de desarrollar DMAE que los no expuestos. Sus resultados también muestran que, en pacientes con DMAE no exudativa leve o moderada, la metformina no influye en el riesgo de progresión a atrofia geográfica o DMAE neovascular.

Su recomendación final es que, hasta que no se disponga de pruebas causales inequívocas, las pruebas actualmente disponibles no respaldan un reposicionamiento terapéutico para prescribir metformina con el único fin de prevenir la DMAE o ralentizar su progresión. Sin embargo, según admiten los propios autores, el estudio tiene varias limitaciones, en particular el hecho de que todos los resultados identifican conexiones asociativas y no causales.

Conclusiones

Sin embargo, en pacientes que ya reciben tratamiento hipoglucemiante con metformina, queda por considerar el efecto protector, documentado por estudios in vitro e in vivo, en la inhibición de la acumulación de fosfolípidos oxidados en las células del epitelio pigmentario de la retina, protegiéndolas de la muerte, y la neovascularización de la coroides, retrasando los procesos degenerativos oculares.

Bibliografía
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